Cátedra de la Paz

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Hagamos la Paz en paz

miércoles, 7 de octubre de 2026

SE ESCUCHARON LAS VOCES DE MIGRANTES EN LOS CUROS.

 

En el marco de la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, la Parroquia Corazón de María de Los Curos, en la parroquia civil Osuna Rodríguez en el municipio Libertador de la ciudad de Mérida, en el estado Mérida (Venezuela) se reunieron como una sola familia, conscientes de que Dios ha confiado a nuestras manos la construcción de un mundo donde toda persona pueda vivir con dignidad, justicia y paz en la celebración eucarística realizada el domingo 4 de octubre 2026 a cargo de la Pastoral Justicia, Paz e Integridad de la Creación (JPIC).
 
Esta celebración fue organizada por la Pastoral Justicia, Paz He tomado como referencia las lecturas del XXVII Domingo del Tiempo Ordinario, 4 de octubre de 2026: Isaías 5,1-7; Filipenses 4,6-9 y Mateo 21,33-43. El hilo común es la responsabilidad de dar frutos de justicia, paz y fraternidad, muy apropiado para una celebración dedicada a migrantes y refugiados. 
 
La Palabra de Dios nos presenta la imagen de la viña, cuidada con amor por su dueño, y nos invita a preguntarnos qué frutos estamos dando como comunidad. Ante tantos hombres, mujeres, niños y familias que se ven obligados a dejar su tierra buscando seguridad, oportunidades y un futuro mejor, el Señor nos llama a no permanecer indiferentes, sino a cultivar una cultura de acogida, solidaridad y fraternidad.
 
En el Evangelio, Jesús nos recuerda que la viña es un don y que estamos llamados a entregar frutos a su debido tiempo. Que esta Eucaristía renueve nuestro compromiso de ser una Iglesia que acoge, acompaña y protege a quienes migran y buscan refugio; una Iglesia capaz de reconocer en cada migrante y refugiado a un hermano y una hermana, y no a un extraño. 
 
Pidamos al Señor que nos conceda, como nos exhorta san Pablo, poner en práctica todo lo que es verdadero, justo, noble y amable, para que nuestras comunidades sean espacios de encuentro y esperanza, y para que podamos dar frutos abundantes de paz, justicia y fraternidad.
 
Hermanos y hermanas, confiando en el amor misericordioso de Dios, que nos invita a dar frutos de justicia, paz y fraternidad, presentemos nuestras súplicas diciendo: Señor, haznos instrumentos de tu amor y fraternidad.
 
1. Por la Iglesia, para que sea siempre una casa abierta y acogedora, donde migrantes, refugiados y desplazados encuentren consuelo, acompañamiento y esperanza. Roguemos al Señor.
 
2. Por quienes se ven obligados a abandonar sus hogares a causa de la violencia, la pobreza, las persecuciones, los conflictos o las situaciones de vulnerabilidad, para que encuentren caminos seguros y personas dispuestas a recibirlos con dignidad. Roguemos al Señor.
 
3. Por los gobiernos, organizaciones y comunidades que trabajan en favor de las personas migrantes y refugiadas, para que promuevan políticas y acciones basadas en la justicia, el respeto de los derechos humanos y la fraternidad. Roguemos al Señor.
 
4. Por las familias que viven separadas a causa de la migración, para que Dios fortalezca sus vínculos, les conceda esperanza y les abra caminos para el reencuentro. Roguemos al Señor.
 
5. Por nuestra comunidad cristiana, para que no permanezcamos indiferentes ante el sufrimiento de quienes llegan a nuestras tierras, sino que sepamos acoger, acompañar y compartir, reconociendo en cada migrante y refugiado el rostro de un hermano. Roguemos al Señor.
 
6. Por quienes han fallecido buscando un lugar seguro y una vida mejor, especialmente aquellos que perdieron la vida durante el camino, para que el Señor los reciba en su Reino y conceda consuelo a sus familiares. *Roguemos al Señor.*
 
En esta Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, recordemos que detrás de cada persona que migra hay una historia, una familia, una esperanza y, muchas veces, grandes sufrimientos. 
 
Que nunca permitamos que la indiferencia, el rechazo o los prejuicios cierren las puertas de nuestros corazones.
 
Regresemos a nuestros hogares con el compromiso de ser una Iglesia y una sociedad que acoge, protege, promueve e integra a quienes llegan buscando un lugar seguro y una vida digna. 
 
Que el Señor nos ayude a reconocer su presencia en cada migrante y refugiado y nos conceda la valentía para transformar nuestra realidad con gestos concretos de solidaridad y esperanza. 
 
Que nuestra fe dé frutos y que esos frutos sean de paz, justicia y fraternidad.  Amén.
 
Una feligresa participante de la misa de los Migrantes comentó “me gustó mucho la misa, muy emotiva, recordé a toda mi familia que esta en otros países y doy gracias a Dios por ellos”
 
Cabe destacar, que el templo fue ambientado con maletas, bolsos, zapatos, ropas, en el pasillo central aludiendo a los migrantes de Los Curos que se han ido; además, los feligreses colocaron fotos y nombres de sus seres queridos. El altar mayor estaba adornado con las banderas de muchos países que han acogido a los migrantes venezolanos. CIBERPAZ/wtu