En el marco de la Jornada Mundial del Migrante y del
Refugiado, la Parroquia Corazón de María de Los Curos, en la parroquia civil
Osuna Rodríguez en el municipio Libertador de la ciudad de Mérida, en el estado
Mérida (Venezuela) se reunieron como una sola familia, conscientes de que Dios
ha confiado a nuestras manos la construcción de un mundo donde toda persona
pueda vivir con dignidad, justicia y paz en la celebración eucarística
realizada el domingo 4 de octubre 2026 a cargo de la Pastoral Justicia, Paz e
Integridad de la Creación (JPIC).
Esta celebración fue organizada por la Pastoral Justicia,
Paz He tomado como referencia las lecturas del XXVII Domingo del Tiempo
Ordinario, 4 de octubre de 2026: Isaías 5,1-7; Filipenses 4,6-9 y Mateo
21,33-43. El hilo común es la responsabilidad de dar frutos de justicia, paz y
fraternidad, muy apropiado para una celebración dedicada a migrantes y
refugiados.
La Palabra de Dios nos presenta la imagen de la viña,
cuidada con amor por su dueño, y nos invita a preguntarnos qué frutos estamos
dando como comunidad. Ante tantos hombres, mujeres, niños y familias que se ven
obligados a dejar su tierra buscando seguridad, oportunidades y un futuro
mejor, el Señor nos llama a no permanecer indiferentes, sino a cultivar una
cultura de acogida, solidaridad y fraternidad.
En el Evangelio, Jesús nos recuerda que la viña es un don y
que estamos llamados a entregar frutos a su debido tiempo. Que esta Eucaristía
renueve nuestro compromiso de ser una Iglesia que acoge, acompaña y protege a
quienes migran y buscan refugio; una Iglesia capaz de reconocer en cada
migrante y refugiado a un hermano y una hermana, y no a un extraño.
Pidamos al Señor que nos conceda, como nos exhorta san
Pablo, poner en práctica todo lo que es verdadero, justo, noble y amable, para
que nuestras comunidades sean espacios de encuentro y esperanza, y para que
podamos dar frutos abundantes de paz, justicia y fraternidad.
Hermanos y hermanas, confiando en el amor misericordioso de
Dios, que nos invita a dar frutos de justicia, paz y fraternidad, presentemos
nuestras súplicas diciendo: Señor, haznos instrumentos de tu amor y
fraternidad.
1. Por la Iglesia, para que sea siempre una casa abierta y
acogedora, donde migrantes, refugiados y desplazados encuentren consuelo,
acompañamiento y esperanza. Roguemos al Señor.
2. Por quienes se ven obligados a abandonar sus hogares a
causa de la violencia, la pobreza, las persecuciones, los conflictos o las
situaciones de vulnerabilidad, para que encuentren caminos seguros y personas
dispuestas a recibirlos con dignidad. Roguemos al Señor.
3. Por los gobiernos, organizaciones y comunidades que
trabajan en favor de las personas migrantes y refugiadas, para que promuevan
políticas y acciones basadas en la justicia, el respeto de los derechos humanos
y la fraternidad. Roguemos al Señor.
4. Por las familias que viven separadas a causa de la
migración, para que Dios fortalezca sus vínculos, les conceda esperanza y les
abra caminos para el reencuentro. Roguemos al Señor.
5. Por nuestra comunidad cristiana, para que no
permanezcamos indiferentes ante el sufrimiento de quienes llegan a nuestras
tierras, sino que sepamos acoger, acompañar y compartir, reconociendo en cada
migrante y refugiado el rostro de un hermano. Roguemos al Señor.
6. Por quienes han fallecido buscando un lugar seguro y una
vida mejor, especialmente aquellos que perdieron la vida durante el camino,
para que el Señor los reciba en su Reino y conceda consuelo a sus familiares.
*Roguemos al Señor.*
En esta Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado,
recordemos que detrás de cada persona que migra hay una historia, una familia,
una esperanza y, muchas veces, grandes sufrimientos.
Que nunca permitamos que la indiferencia, el rechazo o los
prejuicios cierren las puertas de nuestros corazones.
Regresemos a nuestros hogares con el compromiso de ser una
Iglesia y una sociedad que acoge, protege, promueve e integra a quienes llegan
buscando un lugar seguro y una vida digna.
Que el Señor nos ayude a reconocer su presencia en cada
migrante y refugiado y nos conceda la valentía para transformar nuestra
realidad con gestos concretos de solidaridad y esperanza.
Que nuestra fe dé frutos y que esos frutos sean de paz,
justicia y fraternidad. Amén.
Una feligresa participante de la misa de los Migrantes comentó
“me gustó mucho la misa, muy emotiva, recordé a toda mi familia que esta en
otros países y doy gracias a Dios por ellos”
Cabe destacar, que el templo fue ambientado con maletas,
bolsos, zapatos, ropas, en el pasillo central aludiendo a los migrantes de Los
Curos que se han ido; además, los feligreses colocaron fotos y nombres de sus
seres queridos. El altar mayor estaba adornado con las banderas de muchos países
que han acogido a los migrantes venezolanos. CIBERPAZ/wtu