Cátedra de la Paz

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miércoles, 7 de enero de 2026

Los Curos, crónica de una comunidad entre la angustia y la convivencia

 

La mañana del domingo posterior al sábado 3 de enero de 2026 amaneció distinta en Los Curos en la parroquia civil Osuna Rodríguez del municipio Libertador del estado Mérida, Venezuela.

No fue un amanecer común en la Gente de Los Curos, sino la avalancha de mensajes, audios y publicaciones que circularon desde muy temprano por las redes sociales.

Las noticias, muchas de ellas confusas y cargadas de dramatismo, hablaban de sucesos ocurridos en diversas ciudades del país, con especial énfasis en Caracas. En ese contexto, las comunidades de Los Curos comenzaron el día envueltas en una mezcla de angustia, nerviosismo e incertidumbre, sentimientos que se reflejaban en los rostros y en las conversaciones espontáneas entre vecinos.

El impacto emocional fue inmediato. Para muchas familias, la primera reacción fue intentar comprender qué estaba ocurriendo realmente y cómo podría afectar su cotidianidad. La información llegaba fragmentada, repetida y, en ocasiones, contradictoria.

Esa sensación de no tener certezas generó preocupación, especialmente en quienes recordaban experiencias pasadas de crisis y desabastecimiento. Sin embargo, a diferencia de otros momentos de tensión nacional, en Los Curos la respuesta inicial no fue el caos, sino una movilización silenciosa y organizada en torno a las necesidades básicas.

Desde tempranas horas de la mañana, las bodegas y pequeños negocios del sector abrieron sus puertas. Los comerciantes, conscientes del clima de inquietud, decidieron atender a la comunidad para garantizar el acceso a productos de primera necesidad. Harina, arroz, azúcar, aceite y algunos enlatados fueron los más buscados.

La dinámica de compra estuvo marcada por la prudencia: cada persona adquiría lo que podía según sus posibilidades económicas, sin que se registraran escenas de disturbios, saqueos o enfrentamientos. Las llamadas “compras nerviosas” existieron, pero se mantuvieron dentro de un marco de respeto y convivencia.

La situación económica, sin embargo, añadió un peso adicional a la jornada. Para algunos habitantes, conseguir recursos fue un reto inmediato. Hubo quienes recurrieron a préstamos entre familiares o vecinos, y otros intentaron comprar o vender dólares estadounidenses a precios muy elevados, reflejo de la incertidumbre y de la especulación que suele acompañar estos momentos. Aun así, estas transacciones se dieron de manera individual y dispersa, sin alterar el orden comunitario ni generar conflictos visibles en los espacios públicos.

Un hecho significativo de ese fin de semana fue el cierre del Mercado Municipal Don Clemente Lamus. Según el testimonio de una propietaria de un local, la decisión de no abrir se tomó por razones de seguridad. Este cierre obligó a muchas personas a depender exclusivamente de los pequeños comercios del sector, reforzando el papel de las bodegas como puntos clave de abastecimiento y encuentro social. La ausencia del mercado municipal se sintió, pero no derivó en descontrol, sino en una reorganización espontánea del consumo local.

Las colas frente a los negocios se convirtieron en algo más que simples filas para comprar alimentos. Allí, en esos espacios cotidianos, la gente encontró un lugar para drenar emociones. La espera sirvió para compartir miedos, expresar opiniones y repetir, una y otra vez, las noticias que circulaban por las redes sociales. Se hablaba de lo que había pasado en otras ciudades, se comparaban versiones y se intentaba separar los rumores de los hechos. En medio de la tensión, también hubo gestos de solidaridad: personas que cedían el turno sobre todo, a las personas mayores; que avisaban cuando llegaba algún producto o que simplemente escuchaban al otro con atención.

Uno de los elementos que más llamó la atención durante ese fin de semana fue la ausencia total de manifestaciones. No se registraron protestas ni concentraciones de ningún grupo, ni del oficialismo ni de la oposición. Las calles de Los Curos permanecieron tranquilas, sin presencia de consignas, pancartas o enfrentamientos. Este hecho, lejos de pasar desapercibido, fue interpretado por muchos como una señal del cansancio colectivo frente a la confrontación política y como una apuesta silenciosa por preservar la calma y la seguridad en las comunidades.

La experiencia vivida en Los Curos después del 3 de enero de 2026 dejó al descubierto varias realidades. Por un lado, evidenció la fragilidad emocional que generan las noticias difundidas sin filtros ni verificaciones claras, especialmente en contextos de alta sensibilidad social. Por otro, mostró la capacidad de las comunidades para autorregularse, priorizar el abastecimiento responsable y mantener la convivencia aun en medio de la incertidumbre.

Lejos de minimizar la angustia vivida, esta crónica busca mostrar cómo, en un escenario complejo, Los Curos respondió desde lo cotidiano: abriendo negocios, haciendo colas, conversando y cuidando el espacio común.

No hubo negación del miedo, pero tampoco se permitió que este se transformara en violencia. En ese equilibrio frágil entre preocupación y serenidad, las comunidades de Los Curos reafirmaron valores profundamente arraigados: el respeto mutuo, la solidaridad y la convicción de que, incluso en los momentos más inciertos, la vida colectiva puede sostenerse desde la paz cotidiana.

Así, el fin de semana posterior a los sucesos del 3 de enero no quedará solo como un recuerdo de tensión, sino como una muestra de cómo una comunidad popular enfrentó la incertidumbre sin perder su humanidad. Los Curos, una vez más, habló a través de sus gestos sencillos y de su capacidad para resistir emocionalmente sin renunciar a la convivencia. CIBERPAZ/conIA/WTU



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viernes, 2 de enero de 2026

LOS CUROS DESPIDE EL 31 DE DICIEMBRE 2025

 

La alegría que renace: Los Curos despide el 31 de diciembre de 2025 con esperanza y tradición.

Como es tradicional, el 31 de diciembre de 2025 la Gente de Los Curos volvió a latir con una alegría profunda, sencilla y compartida.

No fue una felicidad ruidosa ni pasajera, sino una que se construyó desde los gestos cotidianos, desde la fe, la familia y el encuentro entre vecinos.

Al caer la noche, cada sector comenzó a transformarse: las calles se llenaron de rostros expectantes, las casas olían a comida recién hecha y en el ambiente se sentía esa mezcla única de nostalgia por lo vivido y esperanza por lo que estaba por venir; además, los fuegos artificiales retumban el cielo de Los Curos.

Uno de los momentos más significativos del día fue la Misa de Fin de Año en la Iglesia Corazón de María. Allí, la comunidad se congregó para agradecer, reflexionar y encomendar el nuevo año que estaba por comenzar. La Eucaristía se convirtió en un espacio de recogimiento y unión, donde cada familia llevó en silencio sus alegrías, dificultades y sueños. Las palabras de fe resonaron con fuerza, recordando que, pese a las dificultades, Los Curos sigue siendo una comunidad que cree, que resiste y que camina unida. Al salir del templo, los abrazos, los apretones de manos y los deseos sinceros de bienestar sellaron ese momento espiritual que marcó el cierre del año.

Al regresar a los hogares, la celebración tomó un tono más íntimo y familiar. Los estrenos de ropa, especialmente en los niños, las niñas y jóvenes, llenaron las casas de sonrisas. Para muchos, ponerse una prenda nueva simbolizó renovación, dignidad y esperanza. No se trató solo de vestir algo distinto, sino de reafirmar la ilusión de comenzar el año con ánimo renovado. Los más pequeños se miraban orgullosos, mientras los adultos recordaban que, aun en tiempos complejos, el esfuerzo familiar sigue dando frutos.

La creatividad y la participación comunitaria se hicieron visibles con la quema del Año Viejo, una tradición que en Los Curos cobra un sentido especial. Durante días previos, niños y jóvenes elaboraron sus muñecos con cartón, telas usadas y mucha imaginación. Cada figura representó aquello que se deseaba dejar atrás: tristezas, problemas, dificultades y aprendizajes duros. Cuando llegó el momento de la quema, entre risas, comentarios y miradas cómplices, el fuego se llevó simbólicamente todo lo negativo del año que terminaba, dejando paso a la esperanza. Fue un acto cargado de simbolismo, donde las nuevas generaciones aprendieron que cerrar ciclos también es parte de crecer.

La cena de Fin de Año reunió a las familias alrededor de la mesa, convirtiéndose en uno de los momentos más esperados. En muchas casas, las hallacas, preparadas con dedicación y amor, ocuparon un lugar central. Su elaboración, que para algunas familias comenzó días antes, fue un verdadero ritual de encuentro: manos que se ayudan, historias que se cuentan y recetas que se transmiten de generación en generación. Cada hallaca fue más que un plato típico; fue un símbolo de identidad, unión y memoria colectiva.

Cuando la noche avanzó, la emoción fue en aumento. Como cada año, la típica canción que anuncia que faltan cinco minutos para las doce marcó el inicio de la cuenta regresiva. En Los Curos, ese momento se vive con intensidad: se ajustan los relojes, se sirven las últimas copas y se preparan los abrazos. Los segundos finales estuvieron cargados de expectativa, hasta que el sonido de la medianoche desató la alegría contenida.

Entonces llegaron las expresiones de “Feliz Año” entre vecinos y familias. Abrazos espontáneos, palabras de buenos deseos y sonrisas sinceras recorrieron las calles. Puertas que se abren, saludos que cruzan de acera a acera y fuegos artificiales modestos pero llenos de significado acompañaron el inicio del nuevo año. No importó cuán grande o pequeña fuera la celebración; lo esencial fue el sentimiento compartido de comenzar juntos.

Así, la Gente de Los Curos despidió el 2025 reafirmando su espíritu comunitario. Entre fe, tradición y convivencia, la gente demostró que la alegría auténtica nace del encuentro, de la solidaridad y del amor por lo propio. El 31 de diciembre no fue solo el cierre de un calendario, sino la confirmación de que, mientras exista unión y esperanza, siempre habrá motivos para celebrar y seguir construyendo comunidad.

Feliz Año 2026.