Cátedra de la Paz

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martes, 20 de enero de 2026

LA DESPEDIDA DEL “PADRE AMIGO” EN LOS CUROS

 

La despedida del padre claretiano José Yerli en Los Curos fue más que un acto comunitario: fue un momento lleno de emoción, gratitud y celebración de una historia de servicio profundo que marcó a toda la parroquia civil Osuna Rodríguez “Los Curos” del municipio Libertador en la ciudad de Mérida, del estado Mérida, Venezuela.

El evento, vivido con solemnidad y alegría, dejó en evidencia la conexión sincera y cercana que el padre Yerli estableció con la Gente de Los Curos durante los siete años que caminó a su lado.

La jornada comenzó con una eucaristía solemne en la que la comunidad se congregó para agradecer y recordar. En esa celebración, el padre Yerli, conocido cariñosamente como el “padre amigo”, se convirtió en el protagonista no solo de los gestos litúrgicos, sino del cariño expresado en cada mirada y palabra. A lo largo de siete años, su presencia en Los Curos dejó huellas que van más allá de los muros de la parroquia Corazón de María: fueron gestos, encuentros, risas compartidas y consuelos en los momentos difíciles.

En su discurso de despedida, el padre Yerli agradeció a todos por su apoyo incondicional. Con la sencillez de quien ha vivido en comunidad, expresó que su vocación misionera lo llevará a nuevos lugares —porque su labor como claretiano es una misión que se despliega en distintos contextos— pero que siempre llevará en su corazón a la Gente de Los Curos.

Para comprender mejor el significado de la labor del padre Yerli, es importante recordar que él forma parte de la Congregación de los Misioneros, Hijos del Inmaculado Corazón de María, conocidos como los padres claretianos.

Esta Congregación fue fundada en el siglo XIX por San Antonio María Claret, un sacerdote que dedicó su vida a la predicación, la formación cristiana y el servicio a los más pobres, especialmente en tiempos de grandes necesidades sociales y espirituales.

La espiritualidad claretiana se caracteriza por una misión activa: escuchar a las personas, acompañarlas en sus luchas, enseñar con el corazón y dar testimonio del amor de Dios en cada obra concreta. Como enseñó Claret, la misión no se reduce a los templos sino que se despliega en la vida misma de las comunidades.

Ser misionero claretiano implica, por tanto, una entrega constante: estar donde se necesita la palabra de consuelo, el acompañamiento fraterno, la esperanza renovada. Esta forma de vivir la fe se traduce en acciones que transforman las relaciones humanas y fortalecen el tejido social y espiritual de cada comunidad a la que se sirve.

La despedida en Los Curos continuó con mensajes de distintos grupos de la Iglesia Corazón de María, quienes compartieron palabras de afecto, buenos deseos y gratitud hacia el padre Yerli posterior a la celebración eucarística.

Estos mensajes —entre lágrimas y sonrisas— reflejaron lo que muchos sintieron durante su estancia: un siervo de Dios cercano, atento, y comprometido con el crecimiento espiritual de cada persona.

Las canciones, los cantos y los momentos de confraternidad que siguieron a la celebración eucarística llenaron la tarde de música y alegría. Se compartieron canapés, abrazos y vivencias que hablaron de gratitud por el trabajo pastoral, pero también de esperanza: esperanza de que los aprendizajes, las experiencias y los vínculos creados se conviertan en semillas de paz y fortaleza para el futuro.

Este encuentro comunitario no fue simplemente una despedida, sino una celebración de vida, de fe y de impacto. Cada gesto y palabra expresada por la Gente de Los Curos resonó como testimonio de la forma en que un pastor, desde su vocación, puede sembrar alegría y acompañar procesos de crecimiento humano y espiritual.

Walter Trejo Urquiola, integrante de la Pastoral Justicia, Paz e Integridad con la Creación (JPIC) resaltó: “El padre Yerli no solo fue un sacerdote que cumplió con sus deberes litúrgicos. Fue un misionero que sembró fe, esperanza y amor. Caminaba por Los Curos saludando siempre con su “hermanazo”. Dejó enseñanzas profundas en cada gesto: la importancia del acompañamiento personal, la escucha atenta, la presencia constante en los momentos de dificultad y el gozo compartido en las celebraciones”.

Su vocación claretiana —inspirada en una tradición misionera que busca transformar las realidades desde la vivencia del Evangelio— encontró en Los Curos un lugar para hacer carne su ministerio, acercándose a las personas con humildad y con un corazón abierto.

Así, la despedida del padre Yerli se convierte en un capítulo de gratitud y de esperanza, un momento para recordar que la fe no solo se profesa con palabras, sino con miradas, con manos tendidas, con acompañamiento y con el compromiso de construir juntos historias de paz y de amor en los lugares donde vivimos y servimos.

El padre Yerli es de esos padres claretianos que siempre se recuerdan con amor y con un infinito agradecimiento por haber sido parte de la Gente de Los Curos que construye el Reino de Dios. CIBERPAZ/wtu/conIA



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