Cátedra de la Paz

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viernes, 2 de enero de 2026

LOS CUROS DESPIDE EL 31 DE DICIEMBRE 2025

 

La alegría que renace: Los Curos despide el 31 de diciembre de 2025 con esperanza y tradición.

Como es tradicional, el 31 de diciembre de 2025 la Gente de Los Curos volvió a latir con una alegría profunda, sencilla y compartida.

No fue una felicidad ruidosa ni pasajera, sino una que se construyó desde los gestos cotidianos, desde la fe, la familia y el encuentro entre vecinos.

Al caer la noche, cada sector comenzó a transformarse: las calles se llenaron de rostros expectantes, las casas olían a comida recién hecha y en el ambiente se sentía esa mezcla única de nostalgia por lo vivido y esperanza por lo que estaba por venir; además, los fuegos artificiales retumban el cielo de Los Curos.

Uno de los momentos más significativos del día fue la Misa de Fin de Año en la Iglesia Corazón de María. Allí, la comunidad se congregó para agradecer, reflexionar y encomendar el nuevo año que estaba por comenzar. La Eucaristía se convirtió en un espacio de recogimiento y unión, donde cada familia llevó en silencio sus alegrías, dificultades y sueños. Las palabras de fe resonaron con fuerza, recordando que, pese a las dificultades, Los Curos sigue siendo una comunidad que cree, que resiste y que camina unida. Al salir del templo, los abrazos, los apretones de manos y los deseos sinceros de bienestar sellaron ese momento espiritual que marcó el cierre del año.

Al regresar a los hogares, la celebración tomó un tono más íntimo y familiar. Los estrenos de ropa, especialmente en los niños, las niñas y jóvenes, llenaron las casas de sonrisas. Para muchos, ponerse una prenda nueva simbolizó renovación, dignidad y esperanza. No se trató solo de vestir algo distinto, sino de reafirmar la ilusión de comenzar el año con ánimo renovado. Los más pequeños se miraban orgullosos, mientras los adultos recordaban que, aun en tiempos complejos, el esfuerzo familiar sigue dando frutos.

La creatividad y la participación comunitaria se hicieron visibles con la quema del Año Viejo, una tradición que en Los Curos cobra un sentido especial. Durante días previos, niños y jóvenes elaboraron sus muñecos con cartón, telas usadas y mucha imaginación. Cada figura representó aquello que se deseaba dejar atrás: tristezas, problemas, dificultades y aprendizajes duros. Cuando llegó el momento de la quema, entre risas, comentarios y miradas cómplices, el fuego se llevó simbólicamente todo lo negativo del año que terminaba, dejando paso a la esperanza. Fue un acto cargado de simbolismo, donde las nuevas generaciones aprendieron que cerrar ciclos también es parte de crecer.

La cena de Fin de Año reunió a las familias alrededor de la mesa, convirtiéndose en uno de los momentos más esperados. En muchas casas, las hallacas, preparadas con dedicación y amor, ocuparon un lugar central. Su elaboración, que para algunas familias comenzó días antes, fue un verdadero ritual de encuentro: manos que se ayudan, historias que se cuentan y recetas que se transmiten de generación en generación. Cada hallaca fue más que un plato típico; fue un símbolo de identidad, unión y memoria colectiva.

Cuando la noche avanzó, la emoción fue en aumento. Como cada año, la típica canción que anuncia que faltan cinco minutos para las doce marcó el inicio de la cuenta regresiva. En Los Curos, ese momento se vive con intensidad: se ajustan los relojes, se sirven las últimas copas y se preparan los abrazos. Los segundos finales estuvieron cargados de expectativa, hasta que el sonido de la medianoche desató la alegría contenida.

Entonces llegaron las expresiones de “Feliz Año” entre vecinos y familias. Abrazos espontáneos, palabras de buenos deseos y sonrisas sinceras recorrieron las calles. Puertas que se abren, saludos que cruzan de acera a acera y fuegos artificiales modestos pero llenos de significado acompañaron el inicio del nuevo año. No importó cuán grande o pequeña fuera la celebración; lo esencial fue el sentimiento compartido de comenzar juntos.

Así, la Gente de Los Curos despidió el 2025 reafirmando su espíritu comunitario. Entre fe, tradición y convivencia, la gente demostró que la alegría auténtica nace del encuentro, de la solidaridad y del amor por lo propio. El 31 de diciembre no fue solo el cierre de un calendario, sino la confirmación de que, mientras exista unión y esperanza, siempre habrá motivos para celebrar y seguir construyendo comunidad.

Feliz Año 2026.

 


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